Una niña vendiendo pan ve un anillo en la mano de un millonario… y detrás hay una historia tan conmovedora que llenará tu corazón

Cecilia dio un paso mínimo hacia él. Ximena sollozó.

—Tú nunca fuiste una tragedia —dijo Diego—. Fuiste lo mejor que me pasó. Y si el destino nos da una segunda oportunidad, no la voy a desperdiciar.

Diego movió cielo y tierra: trasladó a Ximena al mejor hospital de Querétaro, tratamientos, ensayos clínicos, medicinas nuevas. Cecilia y Diego comenzaron a conocerse. La niña estudiaba, hacía artesanías, leía con pasión.

Meses después, el médico sonrió: el tumor retrocedía. Ximena lloró de alegría, Diego la abrazó, Cecilia se unió a ellos.

Se casaron en una ceremonia pequeña, Ximena con el mismo anillo, Cecilia de dama de honor con vestido azul a juego con el topacio.

Diego besó a Ximena y le susurró:

—Eternamente.

—Siempre fue eternamente —respondió ella.

Tiempo después, se mudaron cerca del mar, en Nayarit. Cecilia tenía cuarto con vista al agua, beca en escuela, y Diego aprendió a hacer cosas simples: llevarla a clases, escucharla, estar.

Una tarde, viendo el atardecer en la terraza:

—¿Te imaginas si no te hubieras bajado del carro? —preguntó Ximena.

—No me gusta pensarlo —respondió Diego.

Cecilia corría en la arena, riendo, el anillo brillando en su mano.

—Eternamente —repitió él.

—Eternamente —dijo Ximena.

Por primera vez en dieciséis años, Diego sintió que por fin estaba en casa.

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.