Me senté, toqué el panel táctil... y se me encogió el estómago.
Una carpeta en el escritorio tenía la etiqueta: FIRMA_HARPER.
Dentro había documentos escaneados, con mi firma, junto a un archivo titulado: CALENDARIO_DIVORCIO.
Y en la parte superior del calendario, una fecha rodeada en rojo.
Mañana.
Se me helaron los dedos al abrir el documento. Esta cronología no era emotiva, no era sucia como un divorcio real. Era mecánica, como el lanzamiento de un producto. Enumeraba los pasos: "Transferir los fondos restantes", "Cambiar las contraseñas maestras", "Entregar los papeles", "Bloquear el acceso a las cuentas compartidas", "Trasladar a la amante al apartamento (temporal)".
Un apartamento.
Así que aquí era donde planeaba ir después de haberme arruinado la vida.
Tomé fotos de todo: cada página, cada nombre de archivo, cada chip asqueroso, y luego se lo envié todo a Marianne. Sentí como si me partieran en dos: una mitad gritando, la otra calculando.
Oí el traqueteo de la puerta del garaje.
Cerré el ordenador tal como lo encontré, fui a la cocina y empecé a picar cebolla que no necesitaba, solo para mantener las manos ocupadas. Cuando Gavin entró, parecía… normal. La misma sonrisa encantadora. El mismo reloj caro.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
