Nadie perdió su empleo.
Yo no acepté oficina ni puesto administrativo.
Seguí siendo mesera.
Porque ahí fue donde todo empezó.
Ahora, cuando un niño entra solo y se sienta en el rincón, no pregunto demasiado.
Solo preparo un plato extra.
Algunas veces alguien lo necesita.
Y algunas mañanas, Santiago vuelve.
Sin escoltas visibles.
Se sienta en su antigua mesa.
Esta vez paga.
Y antes de irse, deja pagado otro plato.
Para “un error de cocina”.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
