Yo solo pensaba que le estaba dando desayuno a un niño pobre. Hasta el día en que cuatro Suburban blindadas se detuvieron frente a mi café…

Nadie perdió su empleo.

Yo no acepté oficina ni puesto administrativo.

Seguí siendo mesera.

Porque ahí fue donde todo empezó.

Ahora, cuando un niño entra solo y se sienta en el rincón, no pregunto demasiado.

Solo preparo un plato extra.

Algunas veces alguien lo necesita.

Y algunas mañanas, Santiago vuelve.

Sin escoltas visibles.

Se sienta en su antigua mesa.

Esta vez paga.

Y antes de irse, deja pagado otro plato.

Para “un error de cocina”.

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.