Yo solo pensaba que le estaba dando desayuno a un niño pobre. Hasta el día en que cuatro Suburban blindadas se detuvieron frente a mi café…

Y cuando pasó junto a mi mesa, se detuvo un segundo.

Me miró.

No como el niño agradecido que bajaba la mirada.

Me sostuvo los ojos.

Y en su mirada ya no había necesidad.

Había decisión.

Había historia.

Había una verdad que yo nunca imaginé.

En ese instante entendí algo que me heló la sangre:

Yo no sabía nada de quién era él en realidad.

¿Quién era realmente ese niño que comía en silencio en mi pequeño café…
y por qué hombres poderosos de la Ciudad de México parecían responderle como si él fuera la razón de su presencia?

Parte 2 …

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