Yo solo pensaba que le estaba dando desayuno a un niño pobre. Hasta el día en que cuatro Suburban blindadas se detuvieron frente a mi café…

Huevos a la mexicana con jitomate fresco.
Frijoles refritos recién hechos.
Tres tortillas calientes envueltas en servilleta.
Un vaso de leche tibia.

—Fue un error de cocina —dije sin mirarlo demasiado.

El niño levantó la mirada.

No habló.

Pero esa sonrisa pequeña… no era de vergüenza. Era de alivio.

Comió despacio.

No como quien devora.

Como quien quiere que algo bueno dure un poco más.

Desde ese día, cada mañana hubo “un error de cocina”.

Y cada mañana él lo aceptaba en silencio.

Yo notaba cosas.

Que llegaba antes de las siete.
Que nunca pedía nada.

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.