4. Benzodiazepinas y somníferos similares: como ciertos medicamentos recetados para el insomnio
Estos ayudan con los problemas de sueño o la ansiedad a corto plazo, promoviendo la relajación rápidamente.
El uso prolongado genera preocupación por la dependencia, la tolerancia (necesitar una dosis mayor para obtener el mismo efecto) y los posibles efectos en la memoria o el equilibrio. Las guías sugieren que son más adecuados para períodos cortos.
Lo interesante es que muchas personas logran una transición exitosa a enfoques sin medicamentos.
Pasos a probar:
Establecer una rutina de sueño constante (acostarse y levantarse a la misma hora).
Limitar el uso de pantallas y cafeína por la noche.
Explorar técnicas cognitivo-conductuales para el insomnio, que suelen ser más sostenibles a largo plazo.
Su médico puede orientarlo sobre la reducción gradual de la dosis si es necesario.
5. Ciertos antihistamínicos: como la difenhidramina en productos para dormir o para la alergia
Presentes en muchos somníferos de venta libre o fórmulas para aliviar la alergia, estos bloquean la histamina para aliviar los síntomas.
En los adultos mayores, en particular, el uso prolongado puede provocar somnolencia, confusión o sequedad bucal debido a sus efectos anticolinérgicos. Los Criterios de Beers recomiendan precaución en su uso a largo plazo.
Alternativas más inteligentes: Opte por antihistamínicos no sedantes como la loratadina para las alergias, o concéntrese en la higiene del sueño para los problemas de descanso.
Qué puede hacer ahora mismo: Consejos prácticos para un uso más seguro
Estos son algunos hábitos sencillos que puede incorporar:
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