De repente, Marina no sintió ira, sino cansancio. Frente a ella no estaba la "rompehogares de la serie", sino una jovencita tonta a la que le habían contado un cuento de hadas conveniente.
"Vete, Alina", dijo. "Y para el futuro: si un hombre se queja de su esposa pero no se divorcia, no busca el amor. Busca una vía de escape".
Alina asintió y se fue, sollozando.
Marina cerró la puerta. No facilitó las cosas dentro. Pero sí se sentía más limpio.
Etapa 7: Mudanza, llaves y un extraño con una chaqueta familiar
Igor se mudó a finales de mes.
Sin drama. Sin gritos. Sin platos rotos. Era aún más ofensivo, como si ocho años pudieran meterse en cuatro maletas y llevárselos en un taxi.
Dudó un buen rato en el pasillo, con las llaves en la mano.
"Marin... tal vez..."
¿No deberíamos presentar una demanda? Puedo vivir separados, lo pensaremos...
"Ya la presenté", dijo. "La solicitud está con un abogado".
Él asintió, como si lo hubiera esperado, pero aún deseara un milagro.
"De verdad no quería que terminara así".
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