"No es eso lo que dije."
"Exactamente. Lo acabas de resumir de maravilla. 'Me sentía sola', 'Estoy cansada', 'Somos como vecinos'. Muy conveniente."
Se levantó, agarrándose la espalda.
El respaldo de la silla. Sentía un tirón incómodo en el estómago desde el hospital, pero ahora la rabia era mayor que el dolor.
"¿Sabes lo que significa estar cansada?", dijo Marina en voz baja. "Es cuando, después de tu tercera FIV, estás tumbada y no puedes levantarte porque te da miedo incluso respirar. Y aun así le sonríes a tu marido para que no sufra."
"Marin..."
"No, te lo diré ahora. ¿Estás cansada de mi dolor? Y yo estoy harta de sentirme cómoda en el mío."
Igor la miró confundido, como si no hubiera esperado que la silenciosa Marina siquiera tuviera voz.
Etapa 4: Una noche en la casa y una decisión irrevocable
Igor intentó hablar de nuevo. Que había sido un "error". Que estaba "confundido". Que Alina "no quería decir nada". Que él "no lo decía con esa intención". Todas estas palabras se arremolinaban en la habitación como polvo en un rayo de luz; visibles, pero inútiles.
Marina escuchó en silencio. Entonces dijo:
"Hoy duermes en la sala. Mañana decidiremos cómo vivir".
"¿Me estás echando?"
"No. Todavía no. Estoy demasiado débil después del hospital para llevar tus cosas. Pero no vas a venir a nuestra habitación".
Quiso protestar, pero al sostener su mirada, permaneció en silencio.
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