Y había fe en su voz.
La misma fe que solo tienen quienes han vivido sin amor durante mucho tiempo y de repente lo han vuelto a encontrar.
Desarrollo
Se conocieron por casualidad.
En una exposición de arte contemporáneo, un lugar donde la gente suele fingir comprender en lugar de sentir de verdad. Marina fue sola, como de costumbre. Le encantaba pasear entre los cuadros en silencio, encontrando en ellos algo propio.
Se acercó a ella para hacerle una pregunta.
Sencilla. Nada especial.
Pero la conversación no terminó ahí.
Empezaron a hablar: primero del cuadro, luego del artista, después de la vida. Él escuchaba atentamente, sin interrumpir, sin apresurarse a dar su opinión. Y era inusual.
Demasiado inusual.
Intercambiaron números de teléfono.
Una semana después, la invitó a cenar.
Y otra vez.
Luego vinieron los paseos, el teatro, largas conversaciones hasta la noche. Ella me lo contaba todo, con la voz entrecortada, como una chica que se enamora por primera vez.
«No lo entiendes... él recuerda todo lo que digo. Incluso las cosas más pequeñas. Una vez mencioné un libro, de pasada, y tres semanas después me lo trajo».
Escuché y sonreí.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
