Luego dijo en voz baja: «Siempre te quiso más».
Lo miré sorprendida.
«Mi padre te vio», añadió. «Creo que eso me molestó».
Respiré hondo.
«Tú también podrías haberme visto».
Eso lo terminó todo.
Se marchó sin decir una palabra más.
—
Los meses que siguieron no fueron fáciles.
Pero reconstruí.
Poco a poco.
Reparé lo que pude, aprendí lo que no sabía y, lentamente, convertí el taller en algo real.
Lo llamé Taller de la Gracia, en honor a la mujer que hizo posible esta nueva vida.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
