Dolores necesitaba ver para creer. ¿Dónde está Sara ahora? Cerca, pero no puedo decirle dónde por teléfono. No sabemos quién puede estar escuchando. Necesito que venga a San Jerónimo mañana a la casa de mi madre. Ahí le explicaré todo. El tiempo se acaba, Martín. Quedan menos de 30 horas. Lo sé, por eso decidí hablar. Sara quería esperar hasta tener todas las pruebas legales, pero ya no hay tiempo. Si Ramiro muere, Gonzalo gana para siempre. Y Sara ha sacrificado demasiado para permitir eso.
Dolores colgó el teléfono con las manos temblando. Si esto era verdad, era el caso más extraordinario de su carrera. Una mujer que fingió su muerte para proteger a su hija. Un marido inocente condenado por un crimen que nunca existió. Un hermano dispuesto a destruir todo por codicia. preparó una maleta pequeña. Mañana viajaría a San Jerónimo. Mañana conocería la verdad completa. Lo que no sabía era que alguien había interceptado la llamada. En su celda, Ramiro Fuentes dormía por primera vez en años sin pesadillas.
Las palabras de su hija habían encendido algo en él, esperanza. Pero esa noche el sueño le trajo recuerdos que había bloqueado durante 5co años. Se vio a sí mismo en el sofá de su casa, borracho, a punto de desmayarse. Escuchó voces, la voz de Sara, primero calmada, luego asustada, y otra voz, una voz que conocía bien. No debiste meterte en esto, Sara. Te advertí, la voz de Gonzalo. Ramiro intentó moverse en el sueño. Intentó levantarse para defender a su esposa, pero su cuerpo no respondía.
El alcohol lo había paralizado. Escuchó un golpe, un grito, silencio. Luego pasos acercándose a él, una mano colocando algo en las suyas, el frío del metal. Cuando despiertes, esto habrá terminado y tú serás el culpable perfecto hermano. Ramiro despertó empapado en sudor, gritando. Los guardias corrieron a su celda pensando que intentaba hacerse daño, pero Ramiro solo repetía una frase. Ahora lo recuerdo. Ahora lo recuerdo todo. Mi hermano fue mi hermano. Escuché su voz. Puso el arma en mis manos mientras dormía.
El guardia más joven miró a su compañero. ¿Crees que dice la verdad? El veterano negó con la cabeza. Todos dicen la verdad cuando se acerca el final, pero eso ya no importa. Importaba más de lo que imaginaba. En el hogar Santa María, Carmela observaba a Salomé con preocupación. Desde que dejó de hablar, la niña se comunicaba solo a través de dibujos. Dibujaba obsesivamente, llenando páginas y páginas con la misma imagen. Carmela le dio una nueva caja de crayones.
¿Puedes mostrarme qué ves en tus sueños, pequeña? Salomé tomó los crayones y comenzó a dibujar. Esta vez el dibujo era diferente, más detallado, como si 5 años de madurez le permitieran expresar lo que antes no podía. Dibujó la casa, la sala, una figura en el suelo, otra de pie con camisa azul, pero añadió algo nuevo, una puerta entreabierta al fondo y detrás de ella otra figura pequeña, una niña con cabello amarillo, ella misma observando todo. Y en la esquina del dibujo, algo que Carmela no esperaba, una mano que salía por la ventana de la casa, como si alguien estuviera ayudando a la figura del suelo a escapar.
¿Qué es esto, Salomé?, preguntó Carmela señalando la mano. La niña escribió una sola palabra debajo del dibujo. Mamá. Carmela sintió que el aire se le escapaba de los pulmones. Tu mamá escapó. Tu mamá está viva. Salomé la miró con esos ojos enormes que parecían cargar el peso del mundo. Asintió lentamente. Luego escribió otra palabra escondida y una última, esperando. Gonzalo Fuentes llegó al hogar Santa María 2 horas después, acompañado de dos hombres de traje oscuro. llevaba documentos que supuestamente le devolvían la custodia temporal de Salomé.
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