Cuando la suegra lo decidía todo

Galina Petrovna rara vez llamaba. A veces intentaba hablar en un tono familiar:

"Estás sosteniendo mal al bebé..."
"Tienes que lavar los pañales de otra manera..."
"Marina tiene que ser menos caprichosa..."

Antón siempre respondía con calma:

"Mamá, gracias. Lo decidiremos nosotros mismos".

Y este "nosotros" sonaba tan claro que Marina no pudo evitar notar el cambio.

Una noche, Antón se sentó a su lado y le dijo:

"He pedido cita con un psicólogo familiar. Solo una vez. Luego, si estás de acuerdo, juntos".

Marina lo miró un buen rato.

"Estoy de acuerdo", dijo en voz baja. "Porque no quiero quedarme 'sin voz' otra vez".

Antón asintió y le tomó la mano.

"Yo también".

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