“Diego”, susurró. “¿Por qué hiciste todo esto?”
Sonreí con ternura.
“Porque me tomó tres años darme cuenta de algo simple.”
Esperó.
Le apreté la mano.
“Un hogar no es el lugar donde todos dan órdenes.”
“Es el lugar donde alguien te cuida.”
Lucía cerró los ojos.
Cuando los abrió de nuevo, me di cuenta de que estaba llorando.
Pero esta vez…
No era tristeza.
Y mientras mis hermanas discutían en la cocina sobre quién debía secar los platos…
Por primera vez en mucho tiempo, sentí algo diferente.
Quizás esta casa…
Podría convertirse finalmente en un hogar.
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