Cuatro poderosas razones por las que un envejecimiento saludable después de los 80 depende de los hábitos diarios y qué puedes hacer a partir de hoy para vivir más y mejor.

Qué tienen en común estos cuatro factores y por qué es importante

Al analizar las cuatro áreas en conjunto, se revela algo importante. El propósito, la conexión social, la actividad física y la nutrición adecuada no son cuestiones aisladas que afectan a los adultos mayores de forma paralela. Están profundamente conectadas entre sí, de maneras que refuerzan la salud o aceleran el deterioro, según la dirección que tomen las cosas.

Una persona que pierde su sentido de propósito tiende a aislarse socialmente. El aislamiento social tiende a reducir la actividad física. La reducción de la actividad tiende a disminuir el apetito y aumentar la fatiga. Y la fatiga, el aislamiento y la falta de sentido se refuerzan mutuamente en un ciclo que es realmente difícil de interrumpir desde fuera.

Lo contrario es igualmente cierto y mucho más alentador. Una pequeña inversión en cualquiera de estas cuatro áreas suele generar un cambio positivo en las demás.

Participar en una actividad semanal para socializar a menudo aumenta la actividad física. Mantenerse físicamente activo mejora el estado de ánimo, lo que hace que la interacción social resulte más atractiva. Una buena alimentación proporciona la energía necesaria para ambas cosas. Y sentirse comprometido, conectado y capaz de desenvolverse en el mundo con cierta independencia es, en sí mismo, una de las fuentes más poderosas de propósito diario disponibles para cualquier persona, a cualquier edad.

Envejecer bien después de los 80 es realmente posible para muchas más personas de las que lo experimentan actualmente. La investigación sobre la salud y la longevidad en la tercera edad apunta claramente a la misma conclusión una y otra vez. La genética explica parte del panorama. Las elecciones y los hábitos diarios explican mucho más.

Las personas que prosperan a los ochenta años y más allá no son simplemente afortunadas. Son aquellas que encontraron maneras, grandes o pequeñas, de mantenerse activas en la vida. Siguieron presentes para las personas y las actividades que daban sentido a sus días. Siguieron moviendo su cuerpo de forma suave y constante. Se alimentaban de forma que les aportaba energía en lugar de agotarlos. Y buscaban el contacto humano incluso cuando hubiera sido más fácil quedarse tranquilamente en casa.

Nada de esto requiere una salud perfecta ni circunstancias ideales. Requiere intención y la comprensión de que la forma en que vivimos cada día, de manera silenciosa y acumulativa, nos acerca al tipo de vejez que algún día recordaremos con cariño.

Los años posteriores a los 80 no tienen por qué ser un lento repliegue. Para muchas personas, con los hábitos y la perspectiva adecuados, pueden ser de los más significativos de su vida.

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