Charles la miró fijamente.
"Necesito que me ayudes a acabar con mi propio hijo".
Parte 3 — Un nuevo nombre, La puerta de servicio
Una semana después, Naomi se convirtió en Hannah Reed: una viuda discreta con un currículum sencillo y una presencia suave y olvidable. Llevaba el pelo teñido de oscuro. Su voz era más firme y llana. La gente de Charles se encargó del papeleo y la colocación a través de la misma agencia de empleo doméstico que usaban Evan y Sloane.
Cuando Sloane miró a "Hannah" durante la entrevista, sus ojos se detuvieron, el tiempo justo para casi reconocer algo. Luego, desvió la mirada. La vida de Naomi en la calle había redefinido su rostro más que el maquillaje.
Evan apenas levantó la vista de su teléfono. Naomi sí. Se fijó en el reloj que una vez había ahorrado para comprarle; aún lo llevaba en la muñeca, fingiendo que significaba lealtad.
"Si la agencia avala, contrátala", dijo Evan, dándose la vuelta. "Necesitamos a alguien ya".
Y así, Naomi regresó a su mundo por la entrada de servicio.
El ático era todo líneas limpias y un vacío caro. En las paredes: fotos enmarcadas de la boda de Evan y Sloane, sonriendo como si el pasado se hubiera borrado con una sola firma. Naomi se convirtió en ruido de fondo, justo lo que necesitaba.
Escuchó. Observó. Por la noche, anotaba fechas y frases en una libreta barata: Luxemburgo... fin de trimestre... "muévelo antes de que los auditores lo noten"... "nuestros abogados pueden enterrarlo".
Cada pocas noches, Charles llamaba desde un número bloqueado.
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