La sala del juzgado permaneció en silencio mientras el juez se levantaba de su silla y comenzaba a aplaudir. Lo que María había hecho no era ninguna tontería, era brillante.
Había un detalle que Alex había pasado completamente por alto.
Por ley, adquirir la propiedad plena implicaba aceptar la responsabilidad total de las obligaciones financieras asociadas. Y María tenía deudas: préstamos oficiales, registrados legalmente a nombre de la familia.
En pocas palabras: quien se quedara con la casa, el coche y los bienes también heredaría la deuda.
Y la deuda era enorme.
El juez lo explicó claramente, en voz alta, para que todos lo oyeran. La sala quedó en silencio. Alex palideció. Su sonrisa desapareció.
Ahora comprendía que, para pagar a los bancos, se vería obligado a vender todo lo que acababa de "ganar".
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