El día de mi boda, todos me compadecieron por casarme con un hombre al que llamaban "pobre". A la mañana siguiente le pedí 500 pesos para la compra. No dijo nada; cinco minutos después, mi banco envió una notificación que dejó atónitos a todos.

Cuando Alejandro le pidió matrimonio a Daniela, mis padres aceptaron enseguida. No porque lo admiraran, sino porque les preocupaba que Daniela permaneciera soltera demasiado tiempo.

Pero un mes antes de la ceremonia de compromiso, Daniela regresó a casa y anunció con calma:

"No me caso con Alejandro".

Sus palabras cayeron en la habitación como cristales rotos. Mi madre se levantó en shock.

—¿Qué quieres decir? ¡La boda es en un mes!

Daniela se encogió de hombros como si no importara.

—Conocí a otra persona.

Mi padre se enojó. —¿Y qué se supone que le digamos a Alejandro?

—Di lo que quieras —respondió ella—. No voy a arruinarme la vida casándome con un hombre pobre.

Esa noche mis padres discutieron sin parar. El verdadero problema no era la boda, sino la vergüenza de cancelarla delante de todo el vecindario.

Entonces mi madre dijo algo que nunca olvidaré.

—Que Lucía se case con él.

La habitación se quedó en silencio.

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.