“Rut, ¿te das cuenta de lo que ha pasado hoy? No tengo nada, absolutamente nada. Soy un empleado de mi exmujer.” Ruth se acercó con dos platos de pasta con salsa de tomate, intentando mantener una sonrisa que no llegaba a sus ojos.
“Pero seguimos juntos. Eso es lo que importa, ¿no? El amor puede con todo. Antes de que Damián pudiera responder, el timbre de la puerta sonó con insistencia. Tres toques largos seguidos de otros tres.
Ru frunció el seño y se dirigió al telefonillo. ¿Quién es? Servicio de mensajería urgente. Certificado para Damián Hurtado y Ruth Díaz. Ruth intercambió una mirada inquieta con Damián, quien les enviaría correspondencia certificada el día de su boda.
“Sube”, dijo pulsando el botón. 5 minutos después, un mensajero uniformado les entregaba un sobre acolchado color manila con el logo de la gestoría de Elena Ruiz. Damián firmó el recibo con manos temblorosas, presintiendo que lo que fuera que contenía ese sobre no iba a mejorar su día.
Una vez solos rasgó el sobre con cuidado. Dentro había un informe de 12 páginas encuaderno, en espiral con una nota manuscrita de Elena en la primera página. Damián, Cristina me pidió que te entregara esto antes de las 8.
Necesitamos hablar mañana a primera hora. Elena Ruth se acercó por detrás, leyendo por encima del hombro de él. ¿Qué es eso? Damián pasó la primera página y comenzó a leer.
Con cada línea su rostro se volvía más pálido. Las transferencias, los gastos, las facturas, todo estaba ahí documentado con precisión quirúrgica, fechas, cantidades, conceptos, cada euro que había tomado prestado de la empresa durante los últimos 8 meses.
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