—Sabemos que estás ahí —gritó mi padre—. Tu coche está en tu cajón.
No abrí.
Respiré hondo, me pegué a la puerta y hablé lo más firme que pude.
—Váyanse. No quiero hablar con ustedes.
—¿Cómo te atreves? —escupió mi madre—. ¡Abre la puerta!
—No. Si no se van, marco al 911.
Entonces Emilia habló con esa voz suave y falsa que había perfeccionado desde niña para cuando quería salirse con la suya.
—Teresa, por favor. Queremos entender qué pasó. Leímos tu nota y estamos muy confundidos. ¿Por qué estás siendo tan mala con nosotros?
Yo cerré los ojos un segundo.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
