erent.
Más ligero.
Mi teléfono no dejaba de vibrar.
No lo revisé.
Más tarde esa noche, empaqué sus cosas.
Solo lo esencial.
Nada más.
Luego me senté en el borde de la cama.
Y por primera vez en mucho tiempo, todo se sintió claro.
Ni ira.
Ni siquiera alivio.
Solo certeza.
No solo desenmascaré una mentira.
Me alejé de ella.
Y supe una cosa con seguridad:
Ya no estaba atrapado en ella.
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