No lo miras. —Los niños no mienten bien. Dicen la verdad demasiado alto.
Ximena continúa, con voz más firme. Su madre estaba enferma, seguía trabajando, con miedo de perder su empleo. Amenazada. Presionada. Castigada por bajar el ritmo.
La ilusión del hotel comienza a resquebrajarse.
Levantas una mano. “Consigue las grabaciones de seguridad. Todas. Ahora mismo.”
Luego, con voz más suave, a Teresa: “Quédate con la niña.”
Ximena te agarra la manga. “No dejes a mi madre.”
“No lo haré”, dices.
Te vuelves hacia Esteban. “Llévame con ella.”
Él duda.
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