El gerente del hotel de lujo se negó a pagarle a una empleada de limpieza enferma, hasta que su hija se lo contó al hombre equivocado en el vestíbulo.

No le respondes a Esteban Valdés de inmediato.

En cambio, lo observas: el reloj reluciente, la corbata cara, la seguridad que parece ensayada. Luego tu mirada vuelve a Ximena, y algo cambia. Hace un momento, parecía callada, cansada, demasiado joven para tener esa quietud. Ahora parece una niña que presiente el peligro antes de que nadie se atreva a mencionarlo.
Ese tipo de miedo no surge sin motivo.

Has pasado suficiente tiempo reconociéndolo cuando intenta ocultarse. Se manifiesta en hombros tensos, voces cautelosas, disculpas antes de que se pidan. Ahora mismo, se ve en la forma en que Ximena aprieta su mochila hasta que sus nudillos palidecen. Y cuando Esteban la mira —solo una vez, demasiado rápido— sabes que no se trata solo de que no le hayan pagado.

Te enderezas lentamente, dejando que el silencio hable.

—Carolina Reyes —dices de nuevo—. ¿Por qué no le pagaron?

Esteban exhala, con una leve risa desdeñosa. “Seguro que ha habido confusión. La nómina no la gestiono yo directamente. Si un empleado involucró a un huésped en un asunto privado, lo abordaremos.”
Huésped.

La palabra suena mal.

“Inténtalo de nuevo”, respondes.

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.