El millonario se casó con ella por despecho, pero calculó mal.

Los periódicos y los canales de chismes, sin embargo, estaban encantados. Algunos escribieron sobre una "Cenicienta modesta", otros sobre "la extravagante crisis de la mediana edad de un millonario". Alexander aguantó. Quería que Vera viera lo fácil que le había resultado reemplazarla con alguien completamente diferente: sin chispa, sin ambición, sin voz.

Solo Nina, al parecer, no se dejaba llevar por ese plan.

Una semana después de la boda, estalló un escándalo en uno de los hoteles de la cadena: una reserva importante de un extranjero se canceló, el administrador se confundió con el tipo de habitación y un huésped furioso de Austria amenazó con emprender acciones legales y dañar la reputación. Alexander gritó por teléfono tan fuerte que se le oyó a dos pisos de distancia.

En ese momento, Nina estaba cambiando las flores del comedor. Se acercó a la puerta de la oficina, escuchó fragmentos de una conversación en inglés y luego dijo en voz baja:

"Lo siento. No se refiere a la categoría de la habitación. Dice que le prometieron una sala de reuniones privada y un traductor. Está escrito en la carta complementaria".

Alexander se giró bruscamente.

—¿Qué?

—Dame el teléfono.

La miró fijamente durante unos tres segundos. Luego, más por enfado y desesperación que por confianza, le tendió el auricular.

Nina habló con calma en inglés, sin un acento perceptible. Después cambió al alemán: suave, claro, seguro. Cinco minutos más tarde, el escándalo había terminado: al huésped le ofrecieron una habitación superior, una sala de reuniones privada, cena por cuenta del hotel y un traductor personal para el día siguiente.

Cuando Nina colgó, la oficina quedó en silencio.

—¿De dónde eres? —fue todo lo que preguntó Alexander.

Ella respondió con la misma serenidad:

—Mi madre daba clases de idiomas en una universidad local. Yo la ayudaba con las traducciones. Después se graduó en el Instituto de Gestión Hotelera y de Servicios.

Alexander la miró fijamente como si nunca la hubiera visto antes.

—¿Entonces por qué estabas limpiando los suelos de mi casa?

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