Y otra.
El roce del metal contra la madera rompió el silencio.
El ataúd.
El corazón de Brooks latía con fuerza mientras despejaban la tapa y la abrían.
Todos se quedaron paralizados.
Dentro... no había cuerpo.
Solo sacos de arena.
El conserje jadeó.
Ethan rompió a llorar, no de pena, sino de alivio. "¡Te lo dije! ¡Te lo dije!"
Brooks agarró su radio. "Despacho. Alerta por Mark Reynolds. Posible fraude y secuestro".
La policía rodeó la casa de Mark en cuestión de horas.
Se había ido.
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