Sin embargo, cuando la espuma es abundante, espesa, se mantiene durante varios minutos y aparece de manera frecuente, puede ser una advertencia que merece atención médica. Una de las causas más comunes de este tipo de espuma persistente es la presencia de proteínas en la orina, una condición conocida como proteinuria. En personas sanas, los riñones actúan como filtros que evitan que las proteínas pasen a la orina. Cuando este sistema se altera, las proteínas pueden filtrarse y generar ese aspecto espumoso tan característico.
La proteinuria puede estar asociada a distintas afecciones, como enfermedad renal crónica, hipertensión arterial, diabetes, infecciones urinarias o procesos inflamatorios. En muchos casos, este signo aparece en etapas tempranas, cuando aún no hay dolor ni otros síntomas evidentes. Por eso, la espuma persistente puede convertirse en una señal silenciosa que permite detectar problemas antes de que se agraven.
Otro factor a considerar es la deshidratación. Cuando el cuerpo no recibe suficiente líquido, la orina se vuelve más concentrada y puede generar espuma al eliminarse. En este caso, suele acompañarse de un color más oscuro y un olor más intenso. Aumentar la ingesta de agua suele normalizar el aspecto de la orina en poco tiempo. No obstante, si la espuma persiste aun con una correcta hidratación, es importante descartar otras causas.
También existen situaciones transitorias que pueden provocar espuma en la orina, como el ejercicio físico intenso, el estrés, la fiebre o ciertos medicamentos. En estos casos, el hallazgo suele ser temporal y se resuelve espontáneamente. Aun así, la clave está en observar si el cambio es ocasional o repetitivo.
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