Ella estaba durmiendo en el camarote 8A cuando el capitán preguntó si había algún piloto de combate a bordo.

A su alrededor, los pasajeros se quedaron paralizados, confundidos, y sus conversaciones se interrumpieron abruptamente. Algunos se miraron nerviosamente.

Mara sintió una tensión familiar en el pecho.

Había pasado años respondiendo a emergencias en el aire. Pero se suponía que esa vida había terminado. Se había prometido a sí misma que jamás volvería a ese mundo.

Sin embargo, mientras las azafatas comenzaban a moverse rápidamente por los pasillos, con la urgencia reflejada en sus rostros, Mara se dio cuenta de que algo andaba terriblemente mal.

Capítulo 3: Viejos instintos
La azafata se detuvo cerca de su fila, observando a los pasajeros.

“Disculpe”, dijo con ansiedad. —El capitán necesita saber si alguien a bordo tiene experiencia como piloto de combate.

Mara vaciló.

Durante meses había intentado vivir tranquilamente, integrarse en la vida cotidiana. Pero al observar los rostros preocupados de los desconocidos en la cabina, sintió que algo despertaba en su interior.

Podía dejar el ejército.

Pero no podía dejar de ser quien era.

—Soy piloto —dijo en voz baja.

La azafata se inclinó hacia ella.

—Piloto de combate. Fuerza Aérea de los Estados Unidos. Volé F-16.

Un murmullo se extendió por la cabina mientras la gente se giraba para mirarla.

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