Ella lo sacrificó todo por su futuro. Décadas después, la llevaron a un lugar que nunca soñó.

Vendió el terreno.

Vendió el último recuerdo tangible que tenía de su esposo.

“¿Dónde viviremos?”, preguntó Paolo en voz baja.

Respiró hondo.

“Donde sea necesario, siempre y cuando estudies.” Se mudaron a una pequeña habitación alquilada cerca del mercado. El baño era compartido con otras familias. El techo goteaba cuando llovía mucho.

Teresa lavaba ropa para los vecinos. Limpiaba casas en barrios más ricos. Siguió vendiendo tamales. Aceptaba trabajos de costura hasta altas horas de la noche.

Le crujían las manos. Le dolía la espalda constantemente.

Pero nunca dejó que sus hijos consideraran dejarlo.

AÑOS DE DISTANCIA
Marco terminó primero. Paolo lo siguió poco después.

Pero convertirse en piloto comercial requería horas de vuelo, certificaciones y un entrenamiento interminable.

La oportunidad finalmente llegó: en el extranjero.

En el aeropuerto de Ciudad de México, abrazaron fuerte a su madre.

"Volveremos", prometió Marco.

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