Ella lo sacrificó todo por su futuro. Décadas después, la llevaron a un lugar que nunca soñó.

Y a su lado, Paolo.

Ambos con uniformes de Aeroméxico.

Ambos con flores.

Teresa se cubrió la boca con manos temblorosas.

"¿De verdad eres tú?"

La abrazaron como si el tiempo se hubiera desvanecido.

Los vecinos empezaron a asomarse al oír el llanto.

"Ya llegamos, mamá", dijo Paolo.

Y esta vez, no era una promesa.

EL VUELO
A la mañana siguiente, la llevaron al Aeropuerto Internacional Benito Juárez.

Teresa caminaba despacio, con los ojos muy abiertos, absorbiendo todo.

"¿De verdad voy a subir a un avión?", preguntó nerviosa.

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