"No solo vas a subir", dijo Marco. "Eres nuestro invitado de honor".
Una vez que todos estuvieron sentados, la voz de Marco llenó la cabina.
Por el intercomunicador.
“Damas y caballeros, hoy tenemos a alguien muy especial a bordo. La mujer que lo vendió todo para que sus hijos pudieran estudiar aviación. Nuestra madre.”
El silencio se apoderó del avión.
Paolo continuó con voz temblorosa.
“La mujer más valiente que conocemos no es famosa. No es rica. Es una madre que creyó en nosotros cuando no teníamos nada.”
Estallaron los aplausos.
Algunos pasajeros se enjugaron las lágrimas.
Teresa se aferró al reposabrazos mientras el avión despegaba de la pista.
Cuando las ruedas se despegaron del suelo, cerró los ojos.
“Estoy volando”, susurró.
Pero el destino era más que un simple vuelo.
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