En 1995, la abandonó con cinco hijos negros: ¡30 años después, la verdad sorprendió a todos!

Él sonrió. "Ya lo eres, mi princesa".

Esa noche apenas durmió. Sus penas giraban en torno a la crueldad de su padre, el amor de Joshua y el aterrador futuro. Al día siguiente, llegó el carruaje real desde la cabaña. Guardias vestidos de negro y dorado recibieron a Joshua y Zaipab al salir. Zaipab sujetó con fuerza el brazo de Joshua mientras el carruaje comenzaba a avanzar hacia el palacio.

Cuando llegaron, la multitud ya estaba reunida. Se sorprendieron por el regreso del precio perdido, pero aún más al verlo como una niña ciega. La madre de Joshua, la Reina, se abrió paso hacia adelante, con los ojos entrecerrados mientras miraba a Zaipab. Pero Zaipab hizo una reverencia respetuosa. Joshua se quedó allí y declaró: «Esta es mi esposa, la mujer que elegí, la mujer que mi alma vio cuando podía tener más».

La Reina guardó silencio un momento, luego dio un paso al frente y abrazó a Zaipab. «Así que es mi hija», dijo. Zaipab se desplomó aliviada. Yūsha le apretó la mano y susurró: «Te lo dije, estás a salvo».

Esa noche, mientras se acomodaba en su habitación del palacio, Zaipab se quedó quieta, escuchando los sonidos del complejo real. Su vida había cambiado en un solo día. Era demasiado tarde para «esa cosa» encerrada en esa habitación oscura. Era una esposa, una princesa, una mujer que había sido amada no por su cuerpo ni por su belleza, sino por su alma. Y aunque ese momento de paz se sintió como un alivio, algo oscuro aún brillaba en su corazón: la sombra del odio de su padre. Sabía que el mundo no la aceptaría fácilmente, que la corte se burlaría de su infelicidad, y que surgirían enemigos de entre los muros del palacio. Sin embargo, por primera vez, no se sintió pequeña. Se sintió poderosa.

Al día siguiente, fue citada a la corte, donde se habían reunido el pueblo y los líderes. Algunos se burlaron de ella cuando estuvo con Josué, pero ella mantuvo la frente en alto. Entonces llegó el giro esperado de los acontecimientos. Josué se presentó ante ellos y declaró: «No permitiré que me elogien hasta que mi esposa sea aceptada y admirada en este palacio. Y si no lo es, me iré con ella».

Mamás y papás entraron en la habitación. Zaipab sintió que el corazón le latía con fuerza al mirarlo. Él ya lo había dado todo por ella. «¿Darías tu último aliento por mí?», jadeó.

Él la miró con una pasión feroz en los ojos. «Lo hice una vez. Lo volvería a hacer».

La Reina se puso de pie. «Que así sea, a partir de hoy, Zaipab no es solo tu esposa. Ella es...

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