Mi respuesta
En ese momento llegó la cuenta.
Sofía la tomó con naturalidad, como siempre, esperando que yo pagara sin decir nada.
La miré con calma.
Tomé la cuenta, saqué mi tarjeta y la apoyé sobre la mesa.
Después dije:
—Tenés razón, Sofía. Estoy muy por debajo de tu nivel.
Me miró confundida.
Continué:
—Porque ustedes valoran marcas, autos, apariencias y fotos perfectas. Yo valoro respeto, lealtad y dignidad. Así que sí… estoy muy por debajo de su nivel. Y es exactamente donde quiero estar.
El ambiente se congeló.
Sofía intentó reírse.
—Ay, David… solo era una broma.
Negué con la cabeza.
—No. Fue honestidad. Y te agradezco que por fin la mostraras.
Retiré mi tarjeta de la cuenta.
—Si querés una vida a tu nivel, empezá pagándola vos.
Me puse de pie, la miré una última vez y agregué:
—Por cierto… el anillo con el que pensaba proponerte matrimonio estaba guardado en mi casa. Ya no lo vas a conocer.
Y me fui.
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