—¿Estás nervioso? —preguntó con una sonrisa tímida.
Bajé la mirada un momento antes de responder.
—Quizás un poco. ¿Y tú? —
Se frotó la nuca, igual que cuando éramos jóvenes.
—Creo que estoy incluso más nervioso que tú. —
Daniel caminó lentamente hacia mí y se sentó a mi lado en la cama.
La calidez de su presencia me reconfortó de una forma inesperada.
Levantó la mano y apartó suavemente un mechón de cabello de mi mejilla.
—No tienes idea de cuánto tiempo he esperado este momento. —
Su voz transmitía felicidad y algo más profundo.
Algo casi reverente.
El momento en que todo se quedó en silencio
Daniel se inclinó y me besó suavemente en la frente.
Luego comenzó a desabrochar los pequeños botones de la espalda de mi vestido con una paciencia cuidadosa que revelaba cuánto respetaba el momento que compartíamos.
Durante unos segundos, la habitación permaneció en silencio, salvo por el leve susurro de la tela.
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