En Nochevieja, mi marido recibió un regalo de su primer amor; después de abrirlo, desapareció durante medio año.

No respondió. Sus ojos permanecieron fijos en las letras curvas de su nombre.

Entonces, apenas en un susurro, su voz tembló. —No… esto no puede ser…

—¿No puede ser qué? —pregunté.

Me miró, con el rostro pálido. —Es de… Vivian.

El nombre me impactó profundamente.

Vivian: la chica que le rompió el corazón en el instituto. Su primer amor. La que lo dejó por alguien con dinero y un futuro que no implicaba un coche destartalado ni sueños de ir a la universidad comunitaria. Logan solo la había mencionado una vez, brevemente, como una vieja herida que nunca cicatrizó del todo.

Recuerdo que me lo tomé a broma, diciendo algo despreocupado como: «Bueno, ella se lo pierde».

Él no se rió conmigo.

Esa noche, cuando abrió la caja, le temblaban tanto las manos que pensé que se le caería.

Dentro había una fotografía de una mujer junto a un adolescente. Parecía tener unos quince años, con el pelo oscuro cayéndole sobre los ojos y una sonrisa tímida e insegura que me conmovió profundamente.

A Logan se le cortó la respiración y palideció.

Le dio la vuelta a la foto, leyó las palabras escritas en el reverso y se quedó completamente inmóvil.

«Dios mío».

Intenté coger la foto, pero la apartó como si le quemara. En ese momento todo empezó a desmoronarse.

«Logan», le pregunté en voz baja, «¿qué pasa? ¿Quién es el chico?».

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.