Zhenya dijo en voz baja pero firme:
"Anton, no le demos tanta importancia. Es Año Nuevo, después de todo."
El rostro de Anton se contrajo.
"¿Me vas a decir qué hacer?", ladró. "¿Quién eres? ¿Un vecino? ¿Un especialista en logística? ¿Crees que estando a mi lado ahora..."
No terminó la frase porque Sveta levantó la mano.
"Basta", dijo en voz baja. Y ese "en voz baja" de alguna manera desanimó a Anton más que sus gritos. "Hoy no gritarás en esta casa."
Abrió la boca. La cerró. Luego soltó:
"Sveta... tú... ¿estás con él?"
Sveta lo miró directamente a los ojos.
"Estoy conmigo, Anton." ¿Entiendes? Hoy, por primera vez en años, estoy conmigo mismo.
Esa frase sonó como una sentencia de muerte.
Etapa 2. Un intento de "hacer las paces", que de repente se convirtió en una humillación para él.
Anton se giró bruscamente y fue al dormitorio, como siempre hacía cuando quería demostrar: "Yo mando, yo decido". Cerró la puerta de golpe, encendió la luz y empezó a buscar algo ostentosamente en el armario; aunque, en realidad, no buscaba cosas, sino el suelo bajo sus pies.
Sveta lo siguió. Sin correr, sin histeria, sin pedir "no lo hagas", sino con calma.
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