En Nochevieja, su marido vino a reconciliarse, directamente de parte de Zhanna. Pero una sorpresa le esperaba en el pasillo.

En el pasillo, y una barrera infranqueable.
La voz de Zhenya llegó desde la sala, tranquila, pero ya cautelosa:

"Sveta, ¿está todo bien?"

Sveta respondió en voz alta:

"Sí, Zhenya. Me las arreglo."

Anton levantó la cabeza de golpe.

"¿Lo llamaste? ¿Para echarme?"

"No lo 'llamé'", dijo Sveta. "Está aquí porque me siento segura con él. No contigo."

Anton se enderezó. Aún esperaba el escenario habitual: su miedo, sus excusas, su "lo haremos luego".

"Sveta", dijo en voz más baja, casi suplicante, "ya basta. Es Año Nuevo. No hagamos esto. Somos familia. Yo... solo cometí un desliz."

Sveta lo miró un largo instante. Entonces preguntó en voz baja:

"¿Alguna vez te has disculpado de una forma que yo pudiera creer?"

Se quedó callado.

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