En Nochevieja, su marido vino a reconciliarse, directamente de parte de Zhanna. Pero una sorpresa le esperaba en el pasillo.

Sveta lo entendía todo. Y ni siquiera le dolía; simplemente se le hacía evidente.

En ese momento, Zhenya se asomó al dormitorio. No irrumpió, no se hizo el heroico. Simplemente se quedó en la puerta, un recordatorio silencioso: Sveta ya no estaba sola contra Anton.

"Anton", dijo Zhenya en voz baja. "Hagámoslo sin pelear ni gritar. Ya son adultos".

Anton lo miró con odio, pero se dio cuenta: frente a un testigo, ya no podía hacerse el "amo".

De repente, agarró su chaqueta, sus llaves y su sombrero.

"Te arrepentirás, Sveta", siseó. "Volverás arrastrándote a mí".

Sveta respondió con calma:

"No. Fuiste tú quien regresó arrastrándose hoy. Y eso explica muchas cosas". Anton cerró la puerta de un portazo tan fuerte que el cristal vibró.

Y entonces, por primera vez en años, Sveta no se sentó en el suelo llorando.

Se acercó a la ventana. Petardos estallaban en el patio lejano. La gente reía. Alguien estaba encendiendo fuegos artificiales.

Zhenia preguntó en voz baja:

"¿Estás bien?"

Sveta exhaló.

"Es como si me hubiera quitado un abrigo de piel grueso que llevaba veinte años usando".

Etapa 4. Año Nuevo sin él y una ligereza inesperada.
Los tres celebraron el Año Nuevo: Sveta, Zhenia y su arbolito. Sin gritos, sin instrucciones de Galina Petrovna, sin gemelos ni "estética".

A medianoche, Zhenia sirvió champán y levantó su copa.

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