Estaba esperando el veredicto final en un caso que involucraba a su esposa, hasta que su hija susurró algo que hizo que todos detuvieran la lectura de la sentencia.

Margaret se recostó en su silla, mientras las piezas del rompecabezas comenzaban a encajar.

El hombre de la camisa azul
Cuando Margaret volvió a visitar a Nathaniel en la cárcel, sus ojos reflejaban una nueva intensidad.

—Mi hija lo vio todo —le dijo en voz baja—. Estaba escondida en el pasillo. Dijo que alguien entró en la casa después de que me desmayara en el sofá.

Margaret se inclinó hacia adelante.

—¿Quién?

Nathaniel tragó saliva.

—Mi hermano Víctor.

Emily, explicó, había recordado la camisa azul que Víctor solía usar cuando visitaba la casa.

Nathaniel había estado inconsciente por haber bebido esa noche tras perder su trabajo en un taller de carpintería. Cuando despertó, tenía las manos manchadas de sangre y su esposa Laura yacía en el suelo de la cocina.

Todo lo que sucedió después se desarrolló como una pesadilla.

Un testigo desaparecido
El investigador de Margaret pronto descubrió otro detalle importante.

La casa de los Carver había tenido un jardinero llamado Samuel Ortiz, quien desapareció una semana después del incidente y nunca testificó durante el juicio.

Aún más extraño, Emily solía llorar en sueños pidiendo ayuda a alguien llamado "Sam".

Margaret condujo cuatro horas hasta un polvoriento pueblo rural donde aún vivía la anciana madre de Samuel. Tras una larga conversación, la mujer le entregó una carta doblada que su hijo había escrito antes de desaparecer.

En ella, Samuel describía haber presenciado algo terrible en la casa de los Carver, en el que estaban involucradas personas poderosas.

El corazón de Margaret latía con fuerza.

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