"No quiero tu dinero", dijo con voz temblorosa pero firme mientras agarraba el asa de su maleta. "Solo necesitaba tiempo. Estoy sola".
“Ese es tu problema”, espetó Richard. “Tienes hasta que cierren las puertas para irte de mi propiedad”.
Lucía caminó hacia la parada del autobús sin mirar atrás.
Pero a mitad de la calle, su mano se deslizó dentro de su vieja chaqueta, en el bolsillo interior donde una carta sellada le apretaba el corazón.
Edward se la había dado semanas antes de morir.
Y había dicho una cosa, tan extraña que ella se rió en ese momento:
“Solo abre esto si un día no estoy... y te sientes acorralada”.
En el autobús, Lucía sostenía esa carta como una espada oculta.
Los Monroe creían haberla dejado en nada.
No sabían que llevaba consigo lo único que podría derrumbar todo su imperio.
Parte 2 — La llamada que cambió las reglas
Lucía se despertó en la habitación de un motel barato con su teléfono vibrando en la mesita de noche.
Número desconocido.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
