Fue entonces cuando me di cuenta:
Esto no era un error.
Esta era una vida que había construido… sin mí.
En la oficina, revisé documentos que nunca antes me había molestado en mirar.
Y lo descubrí todo.
Liana, la mujer, era su exasistente.
Compartían cuentas.
Compartían dinero.
Compartían una vida.
Y entonces encontré algo que destruyó el último vestigio de mi ilusión:
Los papeles de anulación.
Con mi nombre.
Alegando que yo era emocionalmente inestable.
Me reí.
No porque fuera gracioso,
sino porque la mentira era tan absurda.
Esa noche, Adrian llegó a casa como si nada hubiera pasado.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
