Hoy, alrededor de las 11 de la mañana, Clara regresó a casa después de un viaje de negocios de cuatro meses. No llamó con anticipación para avisarle a su esposo ni a su hijo que iba a venir.

—¿De cuántos meses?

—Dos meses.

Se recostó, acomodándose con la noticia.

Luego miró a su esposo.

—¿Lo sabías?

Él asintió.

—Desde hace un mes.

Clara soltó una risa corta y sin gracia.

—¿Un mes… y ha estado viviendo aquí?

—Queríamos darte una sorpresa —dijo rápidamente.

—¿Una sorpresa? —repitió ella.

Esa palabra no le sentó bien.

Siguieron las explicaciones: torpes, desordenadas, incompletas.

La habitación de Mateo era demasiado pequeña.

Pensaron que esto era mejor.

Su marido se había mudado a la otra habitación.

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