—¿De cuántos meses?
—Dos meses.
Se recostó, acomodándose con la noticia.
Luego miró a su esposo.
—¿Lo sabías?
Él asintió.
—Desde hace un mes.
Clara soltó una risa corta y sin gracia.
—¿Un mes… y ha estado viviendo aquí?
—Queríamos darte una sorpresa —dijo rápidamente.
—¿Una sorpresa? —repitió ella.
Esa palabra no le sentó bien.
Siguieron las explicaciones: torpes, desordenadas, incompletas.
La habitación de Mateo era demasiado pequeña.
Pensaron que esto era mejor.
Su marido se había mudado a la otra habitación.
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