—Soy abogado —susurró con frialdad—.
—Juego al golf con el sheriff. Si dices algo, haré que te declaren mentalmente inestable.
Se inclinó más cerca.
—Eres huérfana. ¿Quién te va a creer?
La calma antes de la tormenta
Algo dentro de mí cambió en ese instante.
El miedo desapareció.
El dolor seguía ahí… pero debajo había algo más frío.
Rabia.
Miré fijamente a los ojos de David.
—Tienes razón —dije en voz baja—.
—Conoces la ley.
Entonces extendí la mano.
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