No al marido despreocupado.
Algo más frío.
Algo despojado de pretensiones.
“No empieces con tu drama, Valeria”.
“No estoy armando un drama. Te pregunto por qué tomaste decisiones sobre mi casa sin consultarme”.
Se rió, una risa corta, seca y desagradable.
—¿Tu casa?
Sentí un vacío en el estómago.
—Sí. Mi casa.
Se acercó lentamente.
Demasiado lentamente.
—Valeria —dijo—, esta casa es mía.
No respondí de inmediato. Algunas frases necesitan tiempo para asimilarse, para confirmar que realmente se han dicho.
—La compraste después de casarnos —continuó—. Todo lo que tienes también es mío. Y si vas a crear problemas a mi familia, será mejor que te adaptes ahora, porque yo mando.
Busqué en su rostro una sonrisa. Una broma. Cualquier cosa que pudiera borrar lo que estaba escuchando.
No había nada.
—La pagué —dije en voz baja—. Con mi empresa. Con mi dinero.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
