La cena que no fue: una prueba de los platos

"Una que sepa crear un ambiente acogedor. Una que entienda que las relaciones son trabajo".

Asentí.
"Estoy de acuerdo. Las relaciones son trabajo. Pero no es mi trabajo para tu beneficio. Es trabajo compartido. Y el respeto no es una 'recompensa' que me das si me lavo bien las manos".

Platos.

Intentó sonreír, pero le salió una sonrisa pegajosa.
"Linda, te lo estás tomando todo demasiado personal. Solo estaba comprobando. Es normal."

"No, David. Es normal negociar. Es normal respetar a tu invitado. Es normal ser la persona que buscas. ¿Buscas una anfitriona? Genial. Entonces sé la anfitriona. No la examinadora."

Levantó la mano, como si estuviera a punto de detenerme con una palabra:
"Perderás tu oportunidad. Hombres como yo son escasos."

Miré su cocina. El fregadero. Los comestibles. Su desparpajo.

"Esto no es una oportunidad", dije. "Es una advertencia que escuché a tiempo."

Etapa 6 - Salida: Cuando un paso hacia la puerta es un paso hacia ti misma
Me di la vuelta y caminé hacia el pasillo. Mi corazón latía con fuerza como si estuviera huyendo. Aunque no estaba huyendo, me iba.

"¿De verdad te vas a ir?", me gritó. "¿Por los platos?"

Me detuve, me di la vuelta y dije en voz baja pero clara:

"No me voy por los platos. Me voy porque has decidido que tengo que demostrar que valgo la pena. Y no lo haces. No vivo según esas reglas".

Se quedó callado un segundo y luego dijo, irritado:
"Estás siendo dramático. Simplemente no estás listo para una familia".

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