La criada tiñó en secreto una olla de arroz barato de color amarillo y lo llamó "arroz dorado" para que los cuatro niños se sintieran como príncipes... Pero el día que el multimillonario llegó temprano a casa y lo vio, se quedó helado, porque los niños se parecían exactamente a él, y ese "arroz dorado" era el secreto que los mantenía con vida.

"Si parece oro", dijo en voz baja, "les da esperanza".

Alejandro miró los cuencos como si fueran una confesión grabada en porcelana. Esa "pobre" comida había mantenido a sus hijos con vida.

Un pequeño

Una voz se alzó, y un niño le ofreció su plato a Alejandro:
“Señor… ¿quiere un poco? Elena le pone polvos mágicos. Está buenísimo”.

Y Alejandro, que lo tenía todo, comió del plato de su hijo con manos temblorosas.

EL VERDADERO VILLANO APARECE
El momento de frágil paz se rompió con el rugido de un coche afuera. Unos tacones resonaron rápidamente sobre el mármol. Elena palideció. Los niños se tensaron.

Uno susurró, temblando: “Es ella”.

Una voz aguda resonó desde el pasillo: “¡Alejandro!”.

Doña Bernarda, la madre de Alejandro, apareció vestida con ropa de diseñador y joyas. Se detuvo al ver la escena: Elena, el arroz amarillo, Alejandro con una cuchara y cuatro niños idénticos.

Su rostro no mostraba sorpresa.

Mostraba culpa y terror.

Tartamudeó: «No… no puede ser… me aseguré…»

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.