La sostuvo unos segundos, incapaz de moverse. Sergio retrocedió, negando con la cabeza con incredulidad.
“No puede ser… Carmen dijo que estaba con su madre…”
Nadie respondió.
Lucía abrió la puerta.
Lo que siguió fue un caos, crudo y devastador. Adrián salió medio envuelto en una toalla, balbuceando excusas incoherentes: “No es lo que parece”, “fue un error”, “íbamos a decírtelo”. Carmen estaba pálida, incapaz de mirar a Sergio a los ojos.
Lucía no gritó al principio.
Eso fue lo más aterrador.
Se quedó inmóvil, mirándolos a ambos: las dos personas en las que más confiaba.
Entonces respiró hondo y habló, con voz temblorosa pero clara:
“En mi casa. El día de mi cumpleaños. ¿Desde cuándo?”
La pregunta lo atravesó todo.
Sergio perdió el control primero, golpeando la pared y gritando insultos. Carmen rompió a llorar. Adrián intentó acercarse a Lucía, pero ella levantó la mano.
“No me toques”.
Su voz era tranquila, pero cargada de frío desprecio.
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