Elise miró a la niña dormida detrás del vidrio.
Recordó la sensación de abandono a los 16 años.
—La empresa cubrirá todos los gastos médicos —dijo.
Noah quedó inmóvil.
—No puedo aceptar eso.
—Sí puede. Y no es un préstamo.
—¿Por qué?
Elise respiró hondo.
—Porque estoy aprendiendo algo que nunca me enseñaron.
Los estudios confirmaron un trastorno sanguíneo poco común, pero tratable si se detectaba a tiempo. Gracias a la rapidez y al respaldo económico, Ana inició tratamiento de inmediato.
Durante las semanas siguientes, Elise visitó el hospital varias veces. Al principio se quedaba en la puerta. Luego Ana la invitó a entrar.
—¿Usted es la jefa de mi papá?
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