Le expliqué el ultimátum de mis padres y le propuse un trato: nos casaríamos durante un año. Sería un matrimonio legal solo en el papel, sin compromisos. A cambio, le pagaría bien. Después de un año, nos divorciaríamos discretamente.
Claire lo pensó detenidamente, preguntó sobre los contratos y finalmente aceptó.
La boda se celebró rápidamente. Mis padres la organizaron en su club de campo, disimulando a duras penas su desaprobación hacia la modesta familia de Claire. Sus padres, aunque discretos, parecían sinceramente felices por ella.
Esa noche, después de la ceremonia, Claire me enseñó la fotografía.
Era una foto descolorida de una niña pequeña de pie junto a una mujer con delantal.
El fondo me resultaba familiar.
Era la casa de mi infancia. Mi piscina.
Y la mujer junto a la niña era Martha, nuestra antigua ama de llaves.
La mujer que me daba galletas a escondidas cuando era pequeña. La que se quedaba a mi lado cuando estaba enferma mientras mis padres iban a fiestas.
Años atrás, mi madre la había despedido, acusándola de robar una pulsera.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
