Exhaló profundamente.
—Perdí los estribos.
—Lo hiciste mientras estaba embarazada de nuestro hijo.
El silencio llenó la línea.
Finalmente, dijo en voz baja:
—Cometí un error.
Esa palabra otra vez.
Error.
Como si la traición, las finanzas ocultas y la humillación pública fueran simples errores de planificación.
—No —respondí en voz baja—. Tomaste decisiones.
Bajó la voz.
—Si esto continúa, la empresa se hundirá. Cientos de personas perderán sus empleos. Por un instante, la culpa intentó invadir mis pensamientos.
Nathaniel siempre había sabido cómo eludir su responsabilidad.
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