Mi esposo dijo que estaría fuera tres días, pero escuché su voz desde la habitación de un hospital. Estaba a punto de abrir la puerta… hasta que oí una frase que destrozó nuestro matrimonio. En ese instante, comprendí que yo era parte de su plan.

Luego, silencio.

Y risas.

La risa de mi marido.

No recuerdo haberme apoyado en la pared, pero de repente estaba allí, intentando mantenerme entera como si me hubieran arrebatado algo invisible.

Aire.

Tiempo.

Realidad.

—Ni siquiera se dará cuenta…

Ella.

Yo.

Por un instante, quise abrir la puerta. Enfrentarlo. Exigirle respuestas.

Pero algo me detuvo.

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