Nadie se dio cuenta.
En la habitación de Clara, sonrió al verme.
«Pensé que no vendrías», dijo.
La abracé.
Y en ese momento, comprendí algo aterrador.
El mundo sigue girando… incluso cuando el tuyo se desmorona.
No dije nada.
Hablamos de su hija, del tratamiento, de cosas cotidianas.
Sonreí.
Asentí.
Como si estuviera actuando en mi propia vida.
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